Depresión y sobrepeso


Depresión y sobrepeso

La obesidad como un exceso de grasa en el cuerpo. Por otro lado, el sobrepeso es tener peso de más, lo que no hace referencia específica a la grasa. Esto puede traer consecuencias para la salud, y se descubrió que hay una relación entre obesidad y depresión.

La obesidad comienza con el desequilibrio entre la ingesta de grasas y el consumo de calorías. Tal equilibrio varía entre una persona y otra. Las consecuencias para la salud más conocidas son el aumento en el riesgo de padecer diabetes, enfermedades cardíacas, derrames cerebrales, artritis y también algunos cánceres.

En el caso de las mujeres, la obesidad puede acarrear trastornos reproductivos a la hora de concebir, durante el embarazo y el parto mismo y también problemas en la menstruación. En tanto que en niños y niñas esta enfermedad se relaciona con problemas de crecimiento, en especial en el caso del desarrollo de sus huesos.

La obesidad y la depresión

Si bien las enfermedades físicas suponen un alto factor de riesgo para las personas que padecen obesidad, los riesgos psicológicos no son menos peligrosos y dañinos. De hecho, la obesidad, en muchos casos, comienza su camino en la vida de las personas cuando hay estrés, tristeza, depresión o ansiedad. Es decir que influye el factor emocional.

La obesidad y la depresión están directamente relacionadas. Muchas personas deprimidas comen de más y abandonan el autocuidado. Es usual que allí comience el aumento de grasas en su organismo.

Otras personas, cuando se ven obesas, se sumergen en una depresión difícil de tratar, ya sea por la imagen que les devuelve el espejo, o por la estigmatización social de la que son víctimas. Esto se debe a que la sociedad tiene una visión negativa de las personas con peso de más.

Los medios de comunicación muestran un modelo ideal de figura, que está muy lejos del sobrepeso. Ello produce lo que se conoce como estigma social. El estigma puede traer serios problemas psicológicos en las personas obesas, como trastorno de ansiedad, adicciones, trastornos de conducta alimentaria y depresión.

La obesidad se asocia a un estigma social que contribuye aún más a los estados depresivos de las personas con sobrepeso.

Mente y cuerpo conjugados

La obesidad, como se dijo anteriormente, tiene diversos orígenes. Si bien algunos son genéticos, muchos otros tienen que ver con cómo se sienten las personas. Sentimientos de tristeza, ansiedad o estrés, tan comunes en la sociedad actual, muchas veces llevan a comer en exceso y a tener una vida sedentaria.

Se estima que cerca del 43 % de los casos asocian la obesidad y la depresión. Según el Centro de Control y Prevención de las Enfermedades de Estados Unidos país que se ve muy impactado por la obesidad, atravesando diferentes estratos de la población, las personas obesas tienen 55 % más probabilidades de sufrir depresión.

Las mujeres tienen más riesgo de tener exceso de grasa corporal que los varones en términos genéticos. Pero también en ellas, el ciclo de la obesidad y la depresión es más común que en los varones. Según la American Psychological Association, en la población de mujeres con obesidad, la depresión tuvo una incidencia 37 % mayor que en los hombres.

La relación entre obesidad e ideas suicidas también se manifiesta más en las mujeres que en los varones. Aquí aparece nuevamente el lastre del estigma social que gravita sobre las personas obesas, pues de las mujeres se espera cultural y socialmente que cuiden sus cuerpos de acuerdo al ideal de belleza de la delgadez.

Las mujeres tienen más prevalencia de obesidad que los varones, y también más prevalencia de depresión

La intervención psicológica para el abordaje de la obesidad y la depresión

No existe evidencia de que la relación entre la obesidad y la depresión responda a un patrón genético o biológico como tal. Por lo mismo, lo más adecuado para quienes padecen este cuadro es solicitar ayuda psicológica.

Los profesionales de la salud mental están de acuerdo en que es posible revertir el ciclo de la obesidad y la depresión con una intervención a tiempo. Para ello, es importante tomar en cuenta que la obesidad frecuentemente está relacionada con el acto simbólico de comer.

La ingestión compulsiva de alimentos puede obedecer a estados de ansiedad. Y esta última suele estar relacionada con experiencias psicológicas negativas, que no se reconocen y que encuentran una vía de expresión a través de la comida en exceso.

Una intervención psicológica contribuye a que las personas obesas elaboren su imagen corporal y su autoestima de una forma más adecuada. También facilita el cambio de hábitos hacia un estilo de vida más saludable, a partir de la recuperación en el control de las emociones.

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